Creo
en la reinserción de los penados. Creo que es un propósito loable y que muchos
que han cometido un delito necesitan ese empujón para rehacer su vida al salir.
Recuerdo
una vez que me tocó custodiar en un hospital a un hombre que estaba condenado a
9 años por tráfico de drogas. Era un tipo normal, agradable al trato, que había
cometido un error por querer ganar un dinero fácil. Tenía un trabajo —antes de
ingresar en el talego—, mujer e hijos. La habitación en
la que estaba alojado tenía un hueco de montacargas en el baño, por el que
podría escaparse con facilidad. Fue él quien nos habló de ello. Con cualquier
otro, hubiera tenido que entrar cada vez que hiciera de vientre, porque el
riesgo era patente... Ese hombre solo quería salir y seguir con su vida.
Para
ese tipo de personas, para los integrados en la sociedad, es para quienes vale
la reinserción. El problema lo tenemos con otros dos tipos de persona: el
delincuente sexual y el que ha tenido una socialización deficiente o atípica.
Este
último tipo lo forman aquellos que, desde niños, han sido educados en el
delito, donde sus padres eran criminales y ellos eran recompensados con su
primer robo o extorsión. Cuando lo único que has visto, lo único que conoces,
es el delito, ¿qué camino te queda? De alguno de ellos he hablado en este blog
(en la entrada "gitano bueno, gitano malo", por ejemplo). No tienen
más opción vital. ¿Se pueden reinsertar? Sí, se pueden, con dos grandes
"si": si quieren y si hay medios para ello... y en las cárceles no
los hay. Haría falta una inversión enorme que, además, estaría mal vista en la
sociedad. Yo creo que la mitad, al menos, podrían convertirse en ciudadanos
decentes si se les diera la oportunidad.
Los
delincuentes sexuales (y los radicalizados religiosos) son más complicados de
tratar. No es un secreto que la reincidencia de los primeros es muy alta, según
estudios realizados en Reino Unido (en España no conozco ninguno). Cuando
cumplen su condena en España, vuelven a las calles sin vigilancia (porque
legalmente han cumplido con la sociedad).
Estamos viendo lo que ocurre con ellos. Si fuera un yonqui, que solo se
perjudica a sí mismo, o incluso un carterista, que el daño que causa es
relativo, podríamos entenderlo... pero aquí estamos hablando de vidas y de unos
hechos (las violaciones) que van a marcar a las víctimas para siempre. No os
digo nada en el caso de pederastas... Entonces ¿qué se puede hacer? ¿Qué tiene
de malo impedir que ese individuo vuelva a pasear por las calles hasta que no
esté, al menos, rehabilitado?
Lo
mismo se aplica al terrorista integrista, que no basa sus actos en los mismos
valores que nosotros: solo su Dios es su guía y límite... y eso sabemos cómo
acaba. ¿Por qué puede volver a ser libre? No es por lo que ha hecho... sino por
lo que puede hacer.
Son
los casos más claros en que una cadena perpetua estaría justificada... y para
el primero ni siquiera se ha planteado. Desde mi punto de vista, un asesino no
es tan grave como los tipos que acabo de describir: puede haber sido una pelea,
un pronto, un hecho que no se repite más y, si ha cumplido su pena, no volverá
a las andadas —es de suponer—.
Por
eso, afirmo, esta reforma, que es NECESARIA y, desde mi punto de vista,
constitucional, se debería afrontar de una manera desacomplejada, sincera y,
desde luego, con la vista puesta en la prevención más que en la represión.
Hay mucha demagogia en prensa y mucha utilización partidista de la cuestión. El día a día me enseña que hay gente realmente malvada y muy difícilmente reinsertable. Una compañera tuvo aquí un asunto de un animal que mató a los dos hijos de 10 años de su pareja a golpes con una tabla de madera y el sillín de una bici estática. A unos les puede parecer 24 años de prisión suficiente. A mí no hay nada que me lo pueda parecer.
ResponderEliminarExcelente!!!!
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