sábado, 28 de febrero de 2015

¿Dónde puedo comprar la novela Cristal Traslúcido?

Después de tres años he recuperado los derechos sobre mi primera novela, que ahora ve la luz en multitud de formatos y a precios mucho más asequibles.

Por si eso fuera poco, ha sido revisada y corregida en profundidad, y la nueva edición en papel es mejor y de más calidad. Hasta los errores de maquetación están arreglados.

También estrenamos portada, basada en la anterior y con la misma bella modelo.

Como ya hice con El Juez de Sueca, os pongo los sitios donde la podéis adquirir:

Actualmente, la novela negra "Cristal Traslúcido" puede comprarse en los siguientes lugares:

Descarga gratis del 20% inicial:

Si no estás seguro de si te gusta la novela, puedes descargarte el principio y luego decides:

epub (para casi todos)

mobi (para kindle)

lrf (para Sony)

leer online

Formato digital:

Amazon ESMXUSUKDEFRIT, NLJPBR CA, AUIN

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Barnes & Noble

La Casa del Libro

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Formato libro:

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Iberlibro (varias ofertas)

Muchoslibros

Wantitall (Sudáfrica) 

Wordery (Reino Unido)



Bibliotecas:

Se puede solicitar su adquisición, tanto en formato digital a través de Smashwords como en formato papel en CreateSpace.



Nota:

Las librerías que aún no tienen enlace activo se irán actualizando a medida que el libro esté disponible en todas ellas.

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Ministerio del Tiempo o la llegada de la madurez a las series españolas

         Después de la mediocridad de Alatriste y el fiasco absoluto de la prescindible Victor Ros, he de admitir que esperaba con tanto anhelo como miedo la nueva apuesta de RTVE, "El Ministerio del Tiempo". La premisa parecía original: un equipo preparado para resolver "incidentes temporales" que podrían alterar nuestro presente, formado por un soldado de los tercios del siglo XVI, la primera universitaria española, de 1880 y un camillero del SAMUR de ayer por la tarde...
         La serie ha aprobado con nota. Nota alta. Casi sobresaliente, digo. Los actores, salvo una Cayetana Guillén-Cuervo que parece un tanto hierática a veces, están soberbios, desde los principales hasta el último secundario. Las ambientaciones son sobresalientes. La primera escena en Flandes ya vale más que todo el escenario de Alatriste... y ese nivel no hace más que crecer en todo el capítulo. La parte del siglo XIX también está más lograda que diez Víctor Ros enteros.
         Aunque, sin duda, la parte sobresaliente la tiene la españolidad del asunto: muchas referencias son tan nuestras que fuera de aquí no tendrían sentido, empezando por el "improvisen" y acabando por el socarrón humor, otro de los grandes aciertos: desde la arrogancia de sacar las novelas del matachín revertiano, a los chistes sobre funcionarios. Cuidado hasta el detalle.
         Y es que esa raíz hispana la hace nuestra, porque el Ministerio está aquí y solo aquí, por un hallazgo único. La trágica historia del hallazgo, como la del fin del Empecinado o el destino previsto de Alonso Entrerríos son tan nuestras que no podrían ocurrir en otro sitio (salvo quizá Rusia) y esa mezcla de personajes reales y de ficción me ha ganado por momentos.
         Por supuesto, no todo son maravillas: la serie tiene sus fallos, que espero que se corrijan en próximos capítulos, lejos de ahondar en ellos. A partir de aquí puede haber algunos SPOILERS, por si no quieres leer más:
         El primero es de guión: ¿Se cuelan unos personajes de 1808 y se van llenos de información y lo único que te preocupa es una pistolita moderna? Es más ¿para qué la necesitaba en realidad? Lo que iba a hacer del mismo podría haberlo llevado a cabo con un sable o un trabuco y no cambiaba. Lo mismo que no veo la necesidad de traicionar al compañero...
         Los otros problemas son más serios, son de concepto y están asociados al viaje en el tiempo. Vamos a dejar a un lado las obvias paradojas y a suponer que se aplica el principio de autoconsistencia de Novikov.
         A partir de ahí: ¿las puertas siempre llevan al mismo momento temporal? Es decir, ¿la de 1808 les volvería a llevar a la misma mañana? Si es así, podrían usarla varias veces hasta que les salga todo bien. Si no es así, no sé cómo el bedel ha visto 50 veces el mismo partido...
         Otro problema: dicen que las puertas no viajan hacia al futuro, solo hacia el pasado... pero los visitantes del pasado, de hecho, acuden al Madrid 2015. ¿Cómo es posible, si para ellos no existe ese futuro? Entiendo que si te van a buscar desde el presente, como a los protagonistas, puedas ir con tu mentor, pero si lo haces por tu propia cuenta, contradices los principios que acabas de enunciar. ¿Aparecerán puertas de 2015 cuando lleguemos a 2020?
         Está también el problema de que cada personaje viva en su propia época y solo se reúnan para resolver las violaciones temporales: difícil. Es muy complicado (imposible) no estar influido por lo que has sabido y sabrás de tu presente, nuestro pasado.
         Por último, ¿cuándo ha aprendido Alonso a manejar armas modernas, si lleva tan solo un día en el Ministerio?

         A pesar de todas las pegas, espero entusiasmado el segundo episodio. Desde Galactica no me atrapaba así una serie.

jueves, 12 de febrero de 2015

¿Cómo se distribuye la pornografía infantil en Internet?

¿Alguna vez os lo habéis preguntado? No, no es por dinero. Al menos no lo es en el 90% de los casos.

Aquí lo explicamos para el programa Crónicas de RTVE:


martes, 3 de febrero de 2015

PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE


         Creo en la reinserción de los penados. Creo que es un propósito loable y que muchos que han cometido un delito necesitan ese empujón para rehacer su vida al salir.
         Recuerdo una vez que me tocó custodiar en un hospital a un hombre que estaba condenado a 9 años por tráfico de drogas. Era un tipo normal, agradable al trato, que había cometido un error por querer ganar un dinero fácil. Tenía un trabajo —antes de ingresar en el  talego—, mujer e hijos. La habitación en la que estaba alojado tenía un hueco de montacargas en el baño, por el que podría escaparse con facilidad. Fue él quien nos habló de ello. Con cualquier otro, hubiera tenido que entrar cada vez que hiciera de vientre, porque el riesgo era patente... Ese hombre solo quería salir y seguir con su vida.
         Para ese tipo de personas, para los integrados en la sociedad, es para quienes vale la reinserción. El problema lo tenemos con otros dos tipos de persona: el delincuente sexual y el que ha tenido una socialización deficiente o atípica.
         Este último tipo lo forman aquellos que, desde niños, han sido educados en el delito, donde sus padres eran criminales y ellos eran recompensados con su primer robo o extorsión. Cuando lo único que has visto, lo único que conoces, es el delito, ¿qué camino te queda? De alguno de ellos he hablado en este blog (en la entrada "gitano bueno, gitano malo", por ejemplo). No tienen más opción vital. ¿Se pueden reinsertar? Sí, se pueden, con dos grandes "si": si quieren y si hay medios para ello... y en las cárceles no los hay. Haría falta una inversión enorme que, además, estaría mal vista en la sociedad. Yo creo que la mitad, al menos, podrían convertirse en ciudadanos decentes si se les diera la oportunidad.
         Los delincuentes sexuales (y los radicalizados religiosos) son más complicados de tratar. No es un secreto que la reincidencia de los primeros es muy alta, según estudios realizados en Reino Unido (en España no conozco ninguno). Cuando cumplen su condena en España, vuelven a las calles sin vigilancia (porque legalmente han cumplido con la sociedad). Estamos viendo lo que ocurre con ellos. Si fuera un yonqui, que solo se perjudica a sí mismo, o incluso un carterista, que el daño que causa es relativo, podríamos entenderlo... pero aquí estamos hablando de vidas y de unos hechos (las violaciones) que van a marcar a las víctimas para siempre. No os digo nada en el caso de pederastas... Entonces ¿qué se puede hacer? ¿Qué tiene de malo impedir que ese individuo vuelva a pasear por las calles hasta que no esté, al menos, rehabilitado?
         Lo mismo se aplica al terrorista integrista, que no basa sus actos en los mismos valores que nosotros: solo su Dios es su guía y límite... y eso sabemos cómo acaba. ¿Por qué puede volver a ser libre? No es por lo que ha hecho... sino por lo que puede hacer.
         Son los casos más claros en que una cadena perpetua estaría justificada... y para el primero ni siquiera se ha planteado. Desde mi punto de vista, un asesino no es tan grave como los tipos que acabo de describir: puede haber sido una pelea, un pronto, un hecho que no se repite más y, si ha cumplido su pena, no volverá a las andadas —es de suponer—.

         Por eso, afirmo, esta reforma, que es NECESARIA y, desde mi punto de vista, constitucional, se debería afrontar de una manera desacomplejada, sincera y, desde luego, con la vista puesta en la prevención más que en la represión.

domingo, 25 de enero de 2015

Los extranjeros que no entienden a nuestra Policía #Historiaspoliciales

         En cierta ocasión nos encontrábamos investigando a un africano que se acostaba con menores a las que pagaba por ello, con mayor o menor voluntad (por parte de las crías, claro...).
         Era un tipo que, en general, no le gustaba respetar ninguna ley española, acostumbrado como estaba a que en su país, amparado en pertenecer a la casta dirigente, podía hacer lo que le diera la gana. Solía llevar los coches que conducía por el carril-bus (de ese que está separado del resto mediante tiburones o hasta el de la Castellana) y tampoco es que hiciera demasiado caso de los semáforos. Aparcaba donde le daba la gana, a menudo causando serios problemas de tráfico... que no le importaban tampoco demasiado. Esos son solo algunos ejemplos porque, igual que actuaba en esto, lo hacía en muchos otros aspectos de su vida que se convirtieron en delictivos.
         En lo que a nosotros respecta, la labor de atraparlo infraganti nos llevó mucho tiempo y esfuerzo, a menudo al viejo estilo, menos tecnológico y más policial: vigilancias, seguimientos, entrevistas, disfraces... El trabajo que curte a un policía y que a menudo los ciudadanos desconocen o no entienden.
         Después de seis meses de trabajo, por fin tuvimos la ocasión: había quedado con una cría en un hotel de cierta ciudad de España y nosotros montamos el dispositivo para poder atraparle en el momento en que el dinero pasara de manos. Para eso teníamos que estar dispuestos hasta en el mismo pasillo donde se encontraba la habitación elegida y, en la puerta, la menor (que no sabía nada de nosotros) esperando...
         En el momento en que pagó, acudimos tres agentes, dos para hacernos cargo de él y una compañera para atender a la adolescente de la forma que le resultase menos traumática.
         Una vez que lo tuvimos bajo custodia, el primero paso era asegurarnos de que no llevase encima nada peligroso, ni para él ni para nosotros, así como incautar cualquier objeto que pudiera resultar relevante para las actuaciones (pendrives, cámaras, etc). Como el pasillo estaba vigilado por cámaras del propio hotel, buscamos un recodo ciego —de nuevo para preservar la intimidad de la que todo detenido goza—. Mientras yo lo controlaba, el compañero, que era quien tenía que cachearlo, se puso los guantes anticorte (negros, de un material similar al cuerpo). En ese momento, el africano se puso a temblar de pies a cabeza.
         —¡No! Os lo diré todo, de verdad. ¡Que no miento!
         Nos miramos con expresión de sorpresa durante un momento. El tipo se había pensado que, fieles a la tradición de su país, le íbamos a zurrar la badana "porque sí", sin reparar en causas ni motivos. Pero claro, esto es España y nosotros somos profesionales y, por tanto, respetuosos con la ley y con aquellos que custodiamos.
         Después del susto inicial se dejó guiar como un corderito (no las tenía todas consigo de que la paliza no viniera después) durante el registro de su vehículo y su ingreso en los calabozos correspondientes. A partir de ahí, su actitud cambió. Como no nos temía, empezó a mentir u ocultar hechos (poco importaba, puesto que teníamos pruebas de cada cosa que había cometido). Eso sí, después del segundo día ingresado, su presencia de ánimo no era la misma.
         Le esperaba una sorpresa más: quedó en liberad con cargos, a la espera de juicio y fue a recoger el vehículo con el que había acudido al hotel. Allí tuvo la sorpresa (qué raro) de que, como lo había dejado en una zona de carga y descarga, la grúa se lo había llevado... Y la cachaza de presentarse en la Comisaría y exigir que le pagásemos la multa, porque había sido "nuestra responsabilidad".

         Ni que decir tiene que nadie le hizo caso...

domingo, 18 de enero de 2015

Cualquier sitio es bueno cuando las ganas aprietan #historiaspoliciales


       Volvamos de nuevo a los tiempos en que estaba en Seguridad Ciudadana, que suele ser la mejor fuente de anécdotas. Es una especialidad complicada, la más cercana al peligro, la menos reconocida y la peor pagada... y también de las más bonitas, la más "policial". Y eso lo dice alguien que está enamorado con la Judicial hasta desde antes de entrar.
         Esto ocurrió una noche oscura, en una zona que pertenecía a mi distrito y que entonces estaba aún sin urbanizar. La vegetación periurbana campaba por sus respetos y gracias que ya no estaba allí el poblado chabolista de unos años atrás. En mitad de toda aquella desolación había una nave industrial en la que habían saltado las alarmas. Por la naturaleza de su trabajo, estaban dentro la mayor parte de la noche, por lo que, si había habido un robo, era posible que hubiera rehenes o heridos. Muchas de las alarmas en aquel tiempo eran falsas (algo así como el noventa por ciento), aunque no dejábamos de acudir a ninguna con la debida celeridad, porque esas cosas son así: una de cada diez es la buena... y aquella fue.
         De noche las calles están vacías, más aún aquellos descampados, así que, si la situación lo permite, no dejamos que vaya una sola patrulla. Otros dos nos quedamos por los alrededores. Los comisionados se encontraron con el panorama de varios empleados atados y amordazados y la cámara de seguridad abierta, así que, de repente, estábamos buscando unos atracadores, quizá armados y con un buen botín.
         A medida que los empleados iban contando sus versiones, nos las contaban por la radio, para ayudar en la búsqueda. En un rato llegaron varias patrullas más, hasta de distritos adyacentes, para ayudar.
         Nosotros iniciamos una batida por la maleza más próxima, por si estaban ocultos, dado que habíamos reaccionado con bastante rapidez y tal vez no habían tenido tiempo de escapar. Otros compañeros cubrieron los accesos a las vías rápidas de salida de la ciudad.
         Así, pues, linterna en mano, recorríamos vericuetos apenas marcados entre arbustos y hierbas altas. Un par de veces nos asustó un conejillo o alguna rata gorda que escapaba de nuestra intrusión en sus dominios... Hasta que algo nos detuvo:
         Fue, como casi siempre, el veterano el que reparó en que, tras unas matas, lo que se movía no era precisamente un roedor, a menos que los hubiera de metro ochenta y setenta kilos de peso. Me hizo una señal y nos separamos, por si había tiros que no pudieran darnos a ambos sin tener que girarse. Hace once años, eso de tener chalecos de dotación era impensable. En todo caso, algún viejo armatoste en el maletero que limitaba mucho la movilidad.
         Con la mano en la pistolera, las trabillas de seguridad sueltas, gritó:
         —¿Quién hay ahí? ¡Policía! ¡Salgan inmediatamente!
         Pegué un respingo cuando, de verdad, las caras pálidas y asustadas de dos hombres jóvenes emergieron, subiéndose los pantalones y con los ojos como platos. Supongo que para ellos el susto fue más grande aún. Desde luego, no eran los criminales que andábamos buscando. ¿Qué hacían ahí?
         —Pero ¿qué coño hacen ahí? —preguntó mi compañero, como si me hubiera leído el pensamiento.
         —El acto sexual, señor agente —contestó uno de ellos.
         Tal vez no se le había ocurrido decir cualquier otra cosa, intimidado por dos uniformados o quizá lo de mentir no se le daba bien y no quería meterse en otro fregado más gordo.
         —¿Habéis visto alguien por aquí esta noche?
         Negaron con la cabeza.
         —No está prohibido esto, ¿no? —preguntó el otro, con un hilillo de voz.
         —No, no. Continúen, continúen...
         Los chicos se agacharon, aunque supongo que no estaban para muchas continuaciones después del susto. Lo más probable es que estuvieran recogiendo sus cosas. Yo estaba rojo, con los mofletes inflados de aguantarme. El veterano se dio cuenta al poco de lo que había sucedido y dicho.
         —Ni una palabra...
         —Nada, tranquilo...
         Al acabar la batida, de nuevo en la zona iluminada por las farolas, nos recibió el subinspector, coordinador de la zona.
         —Si no han encontrado nada, continuad con el servicio, chicos...
         —Eso —lancé, que ya no podía aguantarme más—, "continúen continúen".
         Los dos explotamos en carcajadas —aunque a mi compañero al principio le costó— y el jefe se quedó con cara de no saber qué carajo ocurría.
         Ni os cuento el cachondeo cuando se enteró el resto del turno...

         Los atracadores, al final, fueron detenidos meses después en una operación de la Brigada Provincial de Policía Judicial.

jueves, 8 de enero de 2015

La serie de #Alatriste o "podría ser peor"

Ayer vi el estreno de la problemática serie de Alatriste que se ha marcado Telecinco (con el truquillo de empezar media hora más tarde y así poder pasar los anuncios) y, al acabar, me sentí bastante satisfecho: me entretuvo de principio a fin que, como dice Pérez Reverte, es de lo que se trata.


Y me entretuvo, sobre todo, porque el guión es sólido y se mueve por caminos conocidos para los que hemos leído al académico. Los personajes están bien diseñados y hay tres que resultan muy creíbles: El propio Alatriste, Sebastián Copons y la Lebrijana. El problema ¡Ay! son el resto... ¿A quién se la ha ocurrido poner a una rusa a hacer de María de Castro?


La sensación, en general, es que es una serie pobre, que no tiene apenas recursos y por eso tienen que sustituirlo con ordenador. Da la sensación de que casi cada decorado es falso y que se ha rodado con un croma. Solo algunos exteriores parecen "reales" (aunque de cartón piedra), en los que se nota que son siempre los mismos, que apenas hay dos calles preparadas. Pero eso no la hace mala. Lo malo es lo demás, la desidia, los descuidos...


Porque, como el autor ha reconocido, no han contratado a un asesor histórico... y eso se nota. Aunque los diálogos son correctos (al menos no es Águila Roja...), el vestuario chilla por los cuatro costados, las calles, más aún, con esa limpieza impoluta de todos los personajes, por pobres que sean) y el atrezzo en general es de chiste. El carromato (porque no es una carroza) de Angélica de Alquézar da grima y parece que se vaya a desmontar en cualquier instante. No es en absoluto histórico.


Lo mismo pasa con las espadas, traídas de saldo de algún sitio y que no son españolas en el siglo en que la esgrima patria dominaba el mundo (con su "Verdadera Destreza"). Las peleas, sin embargo, son decentes. No hay que buscarle una técnica depurada, porque entonces nos vamos a desencantar, pero sí son entendibles y claras, que es más de lo que otras series históricas pueden decir.
Otro de los aciertos es la adecuada recreación de la mayoría de personajes históricos, desde el Conde Duque de Olivares a Quevedo... aunque de éste último me pregunto yo dónde se ha dejado la cojera... Y no me creo que una niña de 11 o 12 años, que no tendrá más (Angélica), manipule a su padre y a la Corona de esa manera. Pero en fin...


Luego están los escenarios: el lupanar del principio encajaría más en Juego de Tronos que en la España del XVII y, encima, se esfuerzan en no mostrar ninguno de los obvios desnudos que han puesto. O sea: ni lo uno, ni lo otro... La taberna de la Lebrijana, por su parte, parece que le sobra el dinero, porque en plena noche, con el garito cerrado, hay como 30 velas y una antorcha encendidas... ¿para qué? ¿para quién?


En resumen: podría haber sido peor porque, como he dicho al principio, por lo menos me ha entretenido.